2/13/2018

Eliseo Diego. El sitio en que tan bien se está.












Ella, siempre
lo dijo: tápenme
bien los espejos,
que la muerte presume.

Mi abuela, siempre
lo dijo: guarden
el pan,
para que haya
con qué alumbrar la casa.

Mi abuela, que no tiene,
la pobre, casa
ya,
ni cara.

Mi abuela,
que 
en paz
descanse.







Eliseo Diego.
Los poetas de Orígenes.
FCE




2/07/2018

José Kozer. Gloria.











Realmente
una pena: me refiero al fallecimiento de mi primera mujer. Quizás 
la palabra
fallecimiento resulte inoperante, una manera demasiado formal para decir estas cosas. y sin embargo,
es preferible: también
constituye una convención comparar aquel golpe con el arma de fuego encasquillada que de improviso
rebufa
y nos deja el hombre maltrecho: es un dolor brusco que nos hace escupir reciamente contra los altos cielos, los venturosos
cielos
por un promedio de dos semanas: y ahí queda como una molestia que en otoño y climas
húmedos
suele resentirse, esa primera mujer delineada con la nitidez de un conjunto de cuatro troncos de abedul
blanco
que brotaran en un mismo terreno, si se quiere cercado a modo de gruta y templete, era
el sitio
que prefería (libro en mano): quiero decir, el sitio que hubiera preferido y que sin duda hubiéramos acabado
por construir
ya que espacio o entorno por aquellas fechas, teníamos (valga añadir, gracias a nuestro común esfuerzo y aquel modo inteligente de colaborar que alcanzamos en cuanto pareja). Muy
nítida
veo a esta primera mujer, quizás todavía algo opacada por aquellos frascos y el bisturí de una muerte en cierta medida, reciente: sus líneas
(será que idealizó, será que rehuyó un sartal de cosas) ponen
en fuga
la osamenta de la arpía (mis cuatro herederas saben a quién me refiero) y de la Breve (yo me entiendo) cuyos
sobacos
olían a estragón (luego dicen, que uno tiene ribetes proustianos aunque tira a coña estas cosas): en fin, dejémonos
de explayar
aquel pasado tan escarnecido una y otra vez en casi medio millar de poemas, permítase
que concentre
mis fuerzas en la hora actual, esta sala cuyo desmesurado recinto a veces me descompone de tal forma
que en pleno invierno
apura a que abra las ventanas y evite respirar la carcoma asentada en el cedro de cuatro sillas, en los arcos
y revueltas
del gran sillón de bambú filipino y ¡Santo Dios! hasta en la propia tela con motivos
orientales
que viste el canapé sin estrenar de la sala. 








Medusario
FCE





1/31/2018

Voces de Chernóbil. Svetlana Alexiévich. La corona de la creación.













En una ocasión estuve filmando a gente que había estado en los campos. Son gente que suele evitar el contacto. Y yo estoy de acuerdo con ellos. Hay algo de antinatural en eso de reunirse y recordar la guerra. Recordar cómo los mataban y cómo mataban ellos. Personas que han sufrido juntas la humillación o que han conocido hasta d{onde puede llegar un hombre allí; en lo hondo de su subconsciente, son seres que huyen el uno del otro. Huyen de sí mismos. Huyen de aquello que han descubierto allí sobre el hombre. De aquello que ha salido a flote de su interior. De debajo de la piel. Por eso... Por eso huyen. Algo ocurrió allí. En Chernóbil. 

Yo también descubrí allí algo, sentí algo de lo que no querría hablar. Por ejemplo, que todas nuestras ideas humanistas son relativas. Por ejemplo, que todas nuestras ideas humanistas son relativas. En situaciones extremas, el hombre, en realidad, no tiene nada que ver con cómo lo describen en los libros. A hombres como los que aparecen en los libros, yo no los he visto. No me he encontrado a ninguno. Todo es al revés. El hombre no es un héroe. Todos nosotros somos vendedores de Apocalipsis. Los grandes y los pequeños.

Me vienen a la memoria algunos fragmentos. Cuadros. Un presidente de koljós quiere sacar en dos camiones a toda su familia con sus cosas, con los muebles; y el responsable del Partido exige un coche para él. Pide justicia. En cambio yo desde hace varios días soy testigo de que no hay modo de sacar de allí a los niños, el grupo de la casa-cuna. No hay transporte. En cambio esos no tiene bastante con dos camiones para empaquetar todos sus bártulos, hasta los botes de tres litros con las mermeladas y los encurtidos. Vi cómo los cargaban, esos camiones. Y no los filmé. [De pronto se echa a reír.] En una tienda compramos salchichas y conservas, y luego nos dio miedo comer aquello. Nos lo llevamos en bolsas. También era una lástima tirarlo. [Ahora ya en serio.. El mecanismo del mal funcionará incluso en el Apocalipsis. Eso es lo que comprendí. La gente sigue yendo con sus chivateos, sigue haciendo la pelota a los de arriba para salvar su televisor o su abrigo de piel. Incluso ante el fin del mundo, el hombre seguirá siendo el mismo, igual que es ahora. Siempre.







Tengo en la memoria un gran filme, una larguísima película que no he filmado. De muchos capítulos [Calla.]

Todos somos vendedores de Apocalipsis.

Entramos con unos soldados en una casa de pueblo. Allí vive solo una vieja.

- Bueno, abuela, vámonos.
- Vámonos, pues.
- Recoge entonces tus cosas, abuela. 

La esperamos en la calle. Fumamos un pitillo. Y en eso que sale la mujer llevando encima un icono, un gato y un hatillo. Eso es todo lo que se lleva consigo.

- Abuela, el gato no puede ser. No está permitido. Tiene el pelo radioactivo.
- Eso sí que no, hijos míos, sin el gato no me marcho. ¿Cómo lo voy a abandonar? Dejarlo solo. Si es mi familia.

Pues bien, a partir de aquella mujer... Y de aquel manzano en flor... A partir de aquello empezó todo. Ahora solo filmo animales. Ya se lo he dicho, he descubierto el sentido de mi vida.

En una ocasión mostré mis filmaciones de Chernóbil a unos niños. Y me lo echaron en cara: ¿Para qué? Está prohibido. No hace falta. Y así viven, sumidos en el miedo, rodeados de rumores; tienen alteraciones en la sangre, se les ha destruido el sistema inmunológico. Pensaba que vendrían cinco o seis personas. Pero la sala entera se llenó. Las preguntas eran de lo más diverso, pero una se me grabó en la memoria. Un chico, con voz entrecortada, rojo de vergüenza, al parecer uno de esos niños callados, poco habladores, preguntó: "¿Y por qué no se pudo ayudar a los animales que se quedaron allí?". ¿Cómo que por qué? A mí no se me había ocurrido esa pregunta. Y no pude contestarle. Nuestro arte solo trata del sufrimiento y del amor humano y no de todo lo vivo. ¡Solo del hombre! No nos rebajamos hasta ellos, los animales, las plantas. No vemos el otro mundo. Porque el hombre puede destruirlo todo. matarlo todo. Ahora esto ya no es ninguna fantasía. Me contaron que en los primeros meses posteriores al accidente, cuando se discutía la evacuación de las personas, se presentó un proyecto de trasladar también a los animales con los hombres. Pero ¿cómo? ¿Cómo se podría trasladarlos a todos? Es posible que de alguna manera se lograra trasladar a los que andan por el suelo. Pero ¿y los que viven dentro de la tierra: a los escarabajos, a los gusanos? ¿Y los que viven arriba, en el aire? ¿Cómo se puede evacuar a un gorrión o a una paloma? ¿Qué hacer con ellos? No tenemos manera de transmitirles la información necesaria.


He empezado a ver con otros ojos a los animales. A los árboles. A las aves. Sigo viajando a la zona. Todos estos años. De una casa abandonada, de una casa humana saqueada, sale corriendo un jabalí... y aparece un alce hembra. Eso es lo que filmo. Eso es lo que busco. QUiero hacer un filme nuevo. Verlo todo a través de los ojos de los animales.

- ¿Qué estás filmando?, ¿sobre qué? -me preguntan-. Mira a tu alrededor. ¿O es que no ves que hay guerra en Chechenia? 



Serguéi Gurin.
Operador de cine.






8/22/2017

Así juntos. Adrienne Rich














They're tearing down, tearing up
this city, block by block.
Rooms cut in half
hang like flayed carcasses,
thir old orsos in rags, 
famous streets have forgotten
where they were going. Only
a fact could be so dreamlike.
They're tearing down the houses
we met and live in,
soon our two bodies will be all
left standing from that era. 


Adrienne Rich







Están derribando, destrozando
esta ciudad, cuadra por cuadra.
Cuartos partidos a la mitad
penden como cadáveres desollados,
sus viejas rosas hechas harapos,
las calles famosas han olvidado
a dónde se dirigían. Sólo
un hecho real podría ser tan parecido a un sueño.
Están derribando las casas
donde nos conocimos y vivimos,
pronto nuestros dos cuerpos serán todo
lo que quede en pie de esa época. 




Traducción de Eva Cruz Yáñez






Derriban la ciudad cuadra por cuadra.
Los cuartos penden como cadáveres
desollados. Las avenidas no llevan 
a ningún sitio. Solo un hecho real
podría parecer tanto a un sueño.
Derriban las casas donde nos conocimos.
Pronto nuestro cuerpo será
lo único en pie de la época. 



Variación sobre la traducción de E. C. Y. 



Adrienne Rich
Qué clase de tiempos son éstos
El tucán de Virginia







8/09/2017

Destruye los originales. Yoko Ono.




















Ve el cielo a través de los muslos de una mujer
                             de tus propios muslos
Ve el cielo a través de los agujeros que hagas
                              a tus pertenencias
                                          pantalones
                                          sacos
                                          calcetines
                                                          etc










Pintura que existe en copia o fotografía

Invita a las personas a que copien o fotografíen
tus cuadros

Destruye los originales











Martilla un clavo en un trozo de vidrio
Envía los fragmentos 
a direcciones al azar









Usa tu sangre para pintar
                    a    pinta hasta desmayarte
                    b    pinta hasta morir











Yoko Ono
Pomelo
Los textos anteriores son una variación a la traducción de Pirí Lugones.
La Flor.

             

Prepara un sandwich de atún. Yoko Ono.
















Busca una piedra de tu tamaño o peso
Rómpela hasta hacerla polvo
                        a    tíralo al río
                        b    envía pequeñas cantidades 
                              a tus amigos
No digas ni expliques nada a nadie 









Imagina que hay mil soles en el cielo
Déjalos brillar durante una hora
                        Luego haz que se derritan
                        gradualmente
Prepara un sandwich de atún
Come











Por favor
quema este libro
después de leer








Yoko Ono
Pomelo
Los textos anteriores son una variación a la traducción de Pirí Lugones.
La Flor
.





Deja de hablar con esa persona cuando esté cubierta de nieve. Yoko Ono.
















Oye el sonido de la Tierra
al girar








Cuando se alce el telón
escóndete

Cuando el público se vaya

Sal y toca








Escóndete hasta que todos se vayan a casa
Escóndete hasta que todos te olviden
Escóndete hasta que todos mueran









Recorre la ciudad con un auto de bebé
vacío









Piensa que cae nieve
Piensa que cae nieve en todos partes
todo el tiempo

Mientras hablas con una persona piensa
que cae nieve 

Deja de hablar con esa persona
cuando esté cubierta de nieve







Yoko Ono
Pomelo
Los textos anteriores son una variación a la traducción de Pirí Lugones.
La Flor.





Pieza para bici y orquesta. Yoko Ono.




















Colecciona los sonidos que oíste
en la semana

Una tarde repítelos
en otro orden










Oye roncar a un grupo de personas

hasta el amanecer








Oye una campana durante una hora

En tu cabeza
disminuye el sonido a piano

En tus sueños
disminuye el sonido a pianissimo

Disminuye el sonido a troppo pianissimo
hasta que lo olvides

                   Intenta con otros sonidos

                                                         voz de la madre
                                                         llanto de bebé
                                                         histeria del marido









Consigue un teléfono 
con el eco de tu propia voz

Llama todos los días
habla de distintas cosas








Pieza para bici y orquesta


Recorre en bici una sala de conciertos
No hagas ruido







Yoko Ono
Pomelo
Los textos anteriores son una variación a la traducción de Pirí Lugones.
La Flor.








Utiliza el mismo método pero con discos. Yoko Ono.













Graba los sonidos del cuerpo 
de distinta gente
en distintos momentos

Gente vieja
          joven
          que llora
          con nostalgia
          alegre
          que duda

                        etc











Graba el sonido de la nieve
mientras cae
Hazlo de noche

No oigas la grabación

Usa la cinta para atar regalos

Si quieres utiliza el mismo método
pero con discos








Registra el sonido de las estrellas
al moverse

No oigas la grabación

Córtala y entrega los pedazos de la cinta
a las personas en la calle
o véndela a precio muy bajo








Peine


a

Todos los días graba a la mujer
mientras se peina
Guarda la grabación
Cuando muera
coloca la cinta en el ataúd


b

Todos los días graba al marido
mientras se peina
Guarda la grabación
Óyela después de su muerte



c

Todos los días graba a la hija
mientras se peina
Reproduce la cinta cuando esté en cama
enferma








Yoko Ono
Pomelo
Los textos anteriores son una variación a la traducción de Pirí Lugones.
La Flor.






8/08/2017

Intransitable. José Kozer.













Acta matrimonial


Guadalupe, escúchalo a José: todo
                 amador
es triste cabro.
A mí me tiembla el tabaco
en la comisura histórica y sensual
de los judíos.
Tiembla, tu óvalo magistral.
Tomo por esposa, alianza, unidos en
                 matrimonio,
Guadalupe Barrenechea Vega,
hasta que la muerta venga desde afuera.
Y en rico ritmo sacrosanto.







Noción de José Kozer

No es el hijo ni del lobo ni de la cordera, de ahí
                   su sentido de la organización.
"Acabo de contar 28 gaviotas rumbo a poniente."
                   No es capaz de bajar las
                   escaleras corriendo como
                   si hubiera visto un alma
                   en pena para comunicar
                   a su mujer Guadalupe la
                   noticia: 28 gaviotas le
                   recuerdan la fecha de
                   su nacimiento, se retiene,
algo sombrío y que no remite de pronto lo apremia.
Pero pasa a la diversidad, ahí se zafa: cierto que
                   está a merced de la 
                   literatura pero quién
                   no.
Graneros, kvas, Pushkin, Levín: no hay novela del
                   siglo XIX que por uno
                   u otro motivo no le
                   impresione.
Impresionable: las manzanas lo dejan boquiabierto.
Mucho más, el azul.
Su ambición es una: todo el vocabulario.
Describir el uniforme del teniente primero de
                  húsares, la ambientación
                  de un rostro en una casa
                  con establos y troikas,
                  olor dulcísimo a boñiga
                  de los caballos.
Los vuelos y las telas (bromas) de los vestidos de
                  Mademoiselle Kaushanska.
Quizás, sus lecturas no han sido del todo inútiles: ha
                  dejado de pensar en aquella
                  reina suprema de las tablas
                  aún sin historiar, la actriz
                  Olga Isaamovna en cuyo
                  amor, ocho años, jamás
                  hallara un pañuelo ni un
                  parasol.
La noche de la separación encontró en la sala u n
                  zapato, una boquilla.
Noche de bodas.
Podía haber escrito una novela: sin embargo, otras
                 son las escenas que
                 ahora le atraen.
Así, para 1974 (homenaje a Guadalupe) recompuso
                 como en un juego de bujías
                 y de tarjetas postales sus
                 primeras contemplaciones
                 habaneras. 








Mi signo astrológico, Aries


Mi signo astrológico, Aries.
Lo cual explica que le dije te amo a
                 una ninfa
y me costó más de mil dólares a plazos.
También implica un ligero fallo
                 matrimonial,
que ahora me cuesta de por vida,
a razón de ciento cincuenta dólares
                 mensuales.
Todo lo cual, computado un número
                 tras otro
por irremisible operación artimética,
da que mi signo astrológico es Aries,
y mi horóscopo es quedarme en casa,
único sistema de ahorro. 






Presentación de la niña Mía Kozer en la mirada de su padre


Papá
olía a mujeres
a pájaros
a trinos.
Era intransitable.








José Kozer
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