5/22/2018

Preparativos









Como el que 
habita
esa última casa
en la frontera.

Como el que 
habita esa casa
última.

Como el que 
ultima los preparativos
para abandonarla.





Leónidas Lamborghini
Otro río que pasa.
Un siglo de poesía argetina contemporánea.
Bajo la luna.





5/21/2018

El mundo incompleto. Irene Gruss.














Tercera persona

Tiene problemas con su lenguaje:
habla y no se le entiende,
escribe y no se le entiende.
Ironiza, da todo
por sentado, cree que lo que ve
es simple,
claro,
nada fácil para traducir.
Por ejemplo, mira la luz
natural:
la conmoción no le basta.
Pide un vínculo,
no sabe, no puede retener
sólo palabras
ni solamente 
hechos,
luces, 
delicadas luces.





Mientras tanto

Yo estuve lavando ropa
mientras mucha gente
desapareció
no porque sí
se escondió
sufrió
hubo golpes
y
ahora no están
no porque sí
y mientras pasaban
sirenas y disparos, ruido seco
yo estuve lavando ropa,
acunando,
cantaba,
y la persiana a oscuras.






Después del Apocalipsis

Poema de ficción


El Apocalipsis ya pasó.
Ahora puedo sentarme en la cama
y ubicar mis pies en cada pantunfla.
Puedo ir ahora a la cocina,
y suspirar, en el trayecto.
Ya pasó. Acabó
el Diluvio, sin lluvia.
Empieza a hacer frío, y
ahora el frío resulta acogedor.
Ya pasó todo, ya terminó todo.
Se puede respirar
-antes también podía respirar-,
y reír, reír,
con cierta risa.









Irene Gruss
La mitad de la verdad
Obra poética reunida 1982-2007
Bajo la luna



5/10/2018

etcétera









Mi dulce vieja etcétera,
tía Lucy, durante la reciente

guerra podía y, lo que
es más, solía decir precisamente
por

qué todo el mundo peleaba;
mi hermana

Isabel creaba cientos
(y

cientos) de escarpines para no
mencionar camisas a prueba de pulgas, orejeras,

etcétera, puños, etcétera; mi
madre tenía esperanzas de que
yo muriera, etcétera,
valientemente, por supuesto; mi padre solía
enronquecer hablando de cómo era
un privilegio, y, ah, si él
pudiera; entretanto, mi
persona etcétera yacía tranquilamente
en el hondo lodo et-
cétera,
(soñando,
et-
cétera, con
tu sonrisa,
ojos, rodillas y tu etcétera).



e. e. cummings



Antología de la poesía norteamericana.
José Coronel Urtecho y Ernesto Cardenal (Compiladores y traductores).
Siglo XXI.





4/20/2018

Lectura nocturna sobre el caminar












Me acuerdo de Werner Herzog. En otoño de 1974 recibió la noticia de que Lotte Eisner, apreciada historiadora del cine mudo y mentora del joven Herzog, estaba al borde de la muerte. Ella estaba en París, él en Munich. Espontáneamente decide hacer el camino a pie en pleno invierno. Desde Alemania hasta Francia. Si él caminaba, Eisner no moriría, así su conjuro. Del 23 noviembre al 14 de diciembre, recorre carreteras y caminos. Exhausto llega ante la Eisnerin, “ella se ve cansada y marcada por la enfermedad”, pero está viva. Herzog creció en un pueblito bavarés, sin contacto con el mundo exterior, sin cine, televisión, ni teléfono. Salir de su casa a los catorce años para caminar y acercarse al mundo moderno fue un acto iniciático. Años después de su legendaria caminata, Herzog sostiene un elogio público para Lotte Eisner: “La Eisnerin es la conciencia del nuevo cine alemán, y desde la muerte de Henri Langlois es, probablemente, la conciencia del mundo en el cine. Ella huyó y sobrevivió la barbarie del Tercer Reich. El que haya pisado nuevamente el suelo alemán, que esté viva y entre nosotros, es uno de los más grandes milagros”.

Caminar sustituye la razón y establece otro tipo de lógica. Caminar así es una locura, un peregrinaje religioso que incluye el sacrificio y el esfuerzo del cuerpo entregado a una causa metafísica, establece un tiempo paralelo en el que la muerte no cabe (todavía). Un tributo. Eisner (sobre)vive, cuando Herzog llega al pie de su cama en París y ella le dice: “…aprendiste a volar” (sabiendo que ése era el máximo sueño de Herzog).

Harmony Korine venera a Werner Herzog porque de él aprendió que el propósito de la vida es ser rebelde, desafiar de manera tan titánica el mundo. Apasionado por descubrir y revelar en imagen y texto, los paisajes interiores y exteriores del milagro. Y desmontarlo también. Además, a mí me recuerda, de manera misteriosa, mi ser aleman/a. Otro de los que caminan para “atravesarse” es Peter Handke. Gestern unterwegs/De viaje, ayer son las anotaciones de sus rutas y peregrinaciones alrededor de Europa en plena transición y Perestroika de 1987 a 1990, “persiguiendo iluminación instantánea, nada que perdure o pese, sólo una esfera de luz…”. un hombre que huye, pero más bien suscrito en la tradición de los peripatéticos: el caminar inspira el pensar. Subir montañas = forjar los paisajes con los propios pasos. 


Christiane Burkhard
Sur+



3/10/2018

Adam Zagajewski. Asimetría (3)







Concurso

O cuando nos explicaba, quizá por enésima vez,
sobre el concurso de oratoria que, entonces aún
ella, joven estudiante de derecho, ganó, casi ganó, aunque
tenía contrincantes de peso, y cómo todos
estaban sorprendidos de que una mujer ganara, casi ganara,
y no un hombre, un futuro abogado o juez;
resultó ser la mejor, casi la mejor, aunque formalmente
fue a otro a quien otorgaron el primer premio,
y ése había sido su mayor éxito,
y cómo nosotros escuchábamos ese relato, más tarde, mucho más tarde,
irónicamente, un poco aburridos, pensando: "también ahora
estás tomando parte en un concurso, sólo que invisible,
como la mayoría de las competiciones de este tipo,
y quisieras que nosotros te otorgáramos los laureles
que en esa ocasión te negaron",
y cómo quisiera ahora otra vez
escuchar ese relato de madre
sobre el concurso en el que casi ganó
y me parece que después de décadas
del infatigable trabajo de su memoria
ganó realmente.




Nocturno


Una tarde de domingo, septiembre; padre escucha
un concierto de Chopin, distraído
(la música con frecuencia era para él sólo un fondo
para otras actividades, para trabajar o leer),
pero enseguida deja el libro, se queda ensimismado;
creo que uno de los nocturnos
lo ha emocionado profundamente; mira a la ventana,
(no sabe que lo estoy observando), su cara
se abre hacia la música, hacia la luz,

y así queda en mi memoria, concentrado,
inmóvil, así quedará para siempre,
más allá del calendario, del abismo,
más allá de la vejez que lo destrozó,
e incluso ahora, cuando ya no está, sigue
estando aquí, atento, con el libro apartado,
y él, inclinado en el sofá, tranquilo,
escucha a Chopin como si ese nocturno
le estuviera hablando, explicando algo.





Asimetría
Adam Zagajewski
Traducción: Xavier Farré
Acantilado




Asimetría. Adam Sagajewski (2).






Acerca de mi madre

Acerca de mi madre no sabría decir nada,
cómo repetía vas a lamentarlo
cuando ya no esté, y yo no creía
ni en ya ni en no esté,
cómo me gustaba mirarla leyendo una novela de moda,
yendo directamente al último capítulo,
cómo en la cocina, donde pensaba que no era un lugar
adecuado para mí, preparaba el café del domingo.
o, lo que era aún peor, un filete de bacalao,
cómo esperaba a que llegaran los invitados y se miraba
al espejo, haciendo aquella cara que la protegía tan bien
de mirarse cómo era realmente (por lo que parece, eso
lo cogí de ella, igual que otras debilidades),
cómo hablaba con soltura de las cosas
que no eran su fuerte, y cómo tontamente
la hacía rabiar, como aquel día que se comparó
con Beethoven, al perder el oído,
y yo le dije, cruel, pero sabes él
tenía talento, y cómo me lo perdonaba todo
y cómo lo recuerdo todo, y cómo volé de Houston
a su entierro y no supe decir nada,
y sigo sin saberlo.





"Studniówka"

O cuando antes de la studniówka madre vino a la reunión
en la que comentábamos el programa artístico de la velada
y cómo saltó con unas ideas que
a nosotros nos parecían flojas, pasadas,
como si fuera ella, y no nosotros, quien iba a hacer el examen
que ya había hecho antes de la guerra,
con matrícula de honor, si lo recuerdo bien,
y también la guerra, como todo parece indicar,
la pasó con buena nota, y cómo entonces,
durante aquella reunión, yo me avergoncé de ella,
en cambio, durante la guerra no pude admirarla
por otros motivos, totalmente distintos,

y cómo esta asimetría, esta fuerte asimetría,
durante muchos años, incluso décadas,
no me permitía verla
bajo la intensa luz de la verdad,
intensa e intrincada,
intrincada y justa,
justa e inalcanzable, 
inalcanzable y espléndida.




Studniówka: Literalmente, "cien días", en una fiesta que celebran en Polonia los estudiantes aproximadamente cien días antes del examen de madurez al terminar la escuela secundaria.




Asímetría
Adam Zagajewski
Traducción Xavier Farré
Acantilado




Asímetría. Adam Zagajewski (1)







En ningún lugar

Fue un día en ningún lugar al volver del entierro de mi padre,
un día entre continentes, iba perdido por las calles
de Hyde Park escuchando retazos de voces americanas,
no pertenecía a ningún lugar, era libre,
pero si eso era la libertad, pensé, prefería
ser cautivo de un buen rey, de un cálido emperador;
las hojas fluían a contracorriente del rojizo otoño,
el viento bostezaba como un perro cazador,
la cajera en el colmado, en ningún lugar
(le intrigaba mi acento), pero pensé: ya soy
demasiado viejo para ser huérfano; vivía
en Hyde Park, en ningún lugar, where fun comes to die,
como decían no sin envidia los estudiantes de otras universidades,
era un lunes sin carácter, cobarde,
sin forma, un día sin inspiración, en ningún lugar, ni siquiera el penar
había adoptado una forma radical, tenía la sensación
de que el mismo Chopin en un día como ése se limitaría,
en el mejor de los casos, a dar clases
a estudiantes aristocráticas, acaudaladas;
de repente me acordé de lo que había escrito de él
Gottfried Benn, dematólogo berlinés,
en uno de is poemas preferidos:
"Cuando Delacroix anunció su teoría,
él se quedó preocupado porque no podía
justificar sus nocturnos",
estos versos, irónicos y tiernos a la vez,
siempre me colmaron de una felicidad
casi tan grande como la música de Chopin.
Una cosa sí sabía: tampoco hace falta justificar
la noche, ni el dolor, en ningún lugar. 




El señor Wladzio

El señor Wladzio era peluquero (peluquería de caballeros
y señoras en la calle Karmelicka). Pequeño y delicado.
Sólo le interesaba una cosa: la pesca.
Le gustaba hablar de las costumbres de los peces,
de cuán soñolientos eran en invierno, cuando el frío
era penetrante, mortífero, todopoderoso,
y cómo había que respetar su sueño. Entonces
descansan, están en las aguas pesadas como relojes
como si vinieran de otro planeta. Son diferentes.
El señor Wladzio incluso formó parte del equipo
de pesca de Polonio, una o dos veces,
pero algo no acabó de salir bien, no recuerdo qué,
hacía bochorno o llovía, o las nubes estaban demasiado bajas.
Cuando fue a la visita del médico ya era demasiado tarde.
La calle Karmelicka no notó que se hubiera ido:
los tranvías gritan en la curva,
los castaños florecen cada año con éxtasis.



 Asímetría
Adam Zagajewski
Traducción Xavier Farré
Acantilado


Traducción de la ruta. Laura Wittner.









La silueta de un ciervo saltando
rodeado de lucecitas rojas:
"Cuidado:
se te puede aparecer un ciervo
elegante, maravilloso".

El dibujo en negro 
de la representación
de un copo de nieve
sobre fondo blanco:
"Puede que nieve.
y que todos seamos un cristal
flotando en el vacío".

A 200 metros rotonda.

A 200 metros un engaño 
para que sin querer
te pases de la ruta nacional
a la autopista.

A 200 metros, lluvia.

A 500 metros área de servicios.

A 500 metros habrá ovejas
sentadas en medio del camino
habiendo ya pastado.
Tal vez.

A 500 metros comenzarás súbitamente
a pronunciar el castellano
como lo hacemos aquí
y no acá.

A 1000 metros,
si lloviera, se inundaría.
A esa misma altura,
en ciertos meses,
el pavimento estará resbaladizo.

A 1000 metros, bajada
a un pueblo cuyo nombre
en sí mismo es ficción
un pueblo de cien casas medievales
sin habitantes a la vista
donde vas a tomar
un café tan perfecto
sentada en una barra
que no habrá manera
de que olvides el pueblo 
ni su nombre
ni su café.

Y a 2000 metros
si te asomaras
verías bosques diagonales
una serie de múltiples verdes
que se entrecruzan y se arrojan en picada
y forman valles
y no estarías tan segura
de si aquello del fondo
son picos nevados
nubes 
o tu propia idea
de lo que es
ser feliz.



La Revista Áurea
Número 12
Invierno
2018




2/13/2018

Eliseo Diego. El sitio en que tan bien se está.












Ella, siempre
lo dijo: tápenme
bien los espejos,
que la muerte presume.

Mi abuela, siempre
lo dijo: guarden
el pan,
para que haya
con qué alumbrar la casa.

Mi abuela, que no tiene,
la pobre, casa
ya,
ni cara.

Mi abuela,
que 
en paz
descanse.







Eliseo Diego.
Los poetas de Orígenes.
FCE




2/07/2018

José Kozer. Gloria.











Realmente
una pena: me refiero al fallecimiento de mi primera mujer. Quizás 
la palabra
fallecimiento resulte inoperante, una manera demasiado formal para decir estas cosas. y sin embargo,
es preferible: también
constituye una convención comparar aquel golpe con el arma de fuego encasquillada que de improviso
rebufa
y nos deja el hombre maltrecho: es un dolor brusco que nos hace escupir reciamente contra los altos cielos, los venturosos
cielos
por un promedio de dos semanas: y ahí queda como una molestia que en otoño y climas
húmedos
suele resentirse, esa primera mujer delineada con la nitidez de un conjunto de cuatro troncos de abedul
blanco
que brotaran en un mismo terreno, si se quiere cercado a modo de gruta y templete, era
el sitio
que prefería (libro en mano): quiero decir, el sitio que hubiera preferido y que sin duda hubiéramos acabado
por construir
ya que espacio o entorno por aquellas fechas, teníamos (valga añadir, gracias a nuestro común esfuerzo y aquel modo inteligente de colaborar que alcanzamos en cuanto pareja). Muy
nítida
veo a esta primera mujer, quizás todavía algo opacada por aquellos frascos y el bisturí de una muerte en cierta medida, reciente: sus líneas
(será que idealizó, será que rehuyó un sartal de cosas) ponen
en fuga
la osamenta de la arpía (mis cuatro herederas saben a quién me refiero) y de la Breve (yo me entiendo) cuyos
sobacos
olían a estragón (luego dicen, que uno tiene ribetes proustianos aunque tira a coña estas cosas): en fin, dejémonos
de explayar
aquel pasado tan escarnecido una y otra vez en casi medio millar de poemas, permítase
que concentre
mis fuerzas en la hora actual, esta sala cuyo desmesurado recinto a veces me descompone de tal forma
que en pleno invierno
apura a que abra las ventanas y evite respirar la carcoma asentada en el cedro de cuatro sillas, en los arcos
y revueltas
del gran sillón de bambú filipino y ¡Santo Dios! hasta en la propia tela con motivos
orientales
que viste el canapé sin estrenar de la sala. 








Medusario
FCE